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El 5 de Octubre de 2017 recibí un correo de INADEM  donde hablaba de una Convocatoria para emprendedoras y empresarias Mexicanas que podrían ser beneficiadas con programas de educación y mentoría, sin costo alguno. Todo esto promovido y patrocinado por la Fundación Cherie Blair . Sin dudarlo, me registré y apliqué en la convocatoria, esperando ser una de las 500 seleccionadas.

El 1 de diciembre recibí la notificación de que podría participar en el programa Road To Growth México, ese al que me había postulado. Y así, la aventura empezó el 17 de enero cuando conocimos a fondo el programa, en una reunión donde 500 empresarias empezamos un camino de aprendizaje, renovación, actualización y networking.

He de confesar que no soy fan de grupos tan grandes de mujeres, me gusta el balance de las energías femeninas y masculinas; sin embargo, entendí que había algo más que aprender en estos grupos además del tema empresarial.

La primer fase del programa conviví con hermosas y muy trabajadoras mujeres con ganas de renovarse, crecer y aventurarse al dar un paso más grande, firme y largo en sus propias empresas. Fueron 6 semanas en donde nos vimos algunas ocasiones y las más trabajamos en línea y estudiamos cada una por nuestra cuenta.

Después de varios años de no ir a la escuela formal, aprendí nuevas técnicas de educación mixta, presencial y virtual, creció mi responsabilidad y disciplina para estudiar e investigar y hacer tareas, compartir con mis compañeras e instructores expertos. Más allá de ello, fue como quitarme la venda de los ojos y abrir mi visión a todo lo que existe hoy en día para los empresarios. Y es que me di cuenta que tanto yo como muchas de mis compañeras empezamos siendo empresarias casi por casualidad o por circunstancias difíciles, más que por una decisión consciente.  Aprendí también que ser empresaria es una profesión adicional a lo que sea que hayas estudiado en la universidad o en lo que te hayas especializado en tu carrera. Ser empresaria requiere, además de dedicación, muchas horas de trabajo, capacitación constante, continuidad, proyección, relaciones, balance de vida, descanso, vacaciones, diversión, inversión, apoyo, expertos, mentores y amigos. Requiere de paciencia, inteligencia y pasión. Si no tienes esto, difícilmente lograrás ser una verdadera empresaria.

En la segunda fase del programa, los grupos fueron diferentes, ya solo participamos 100 de las 500; fueron 3 meses de vernos cada viernes, de trabajar todas las semanas en diferentes temas desde liderazgo y negociación hasta escalar tu empresa pasando por planeación estratégica, mercadotecnia y ventas, operación y procesos y mucho mucho más. Trabajar todos los días: leer, investigar, hacer tareas además de llevar la propia empresa, seguir con mi vida cotidiana y mantener el buen ánimo.

El mayor aprendizaje lo obtuve de mis propias compañeras. De esas mujeres comprometidas con ellas mismas, con sus empresas y sus familias. De sus propias experiencias, de nuestros éxitos y de todo lo vivido en el camino desde que decidimos emprender un negocio. La humildad de reconocer nuestros errores, nuestras carencias, nuestras necesidades. La apertura de los expertos para compartir sus conocimientos y experiencia y esos tips importantísimos que hacen la diferencia.

Aprendí a reconocerme como empresaria, a aceptar que las responsabilidades se pueden llevar entre varios, las sociedades si funcionan; que todos somos capaces de crear empresas y empleos, que debemos mantenernos actualizados para seguir progresando, que somos responsables de nuestra economía y que podemos aportar a la economía de mucha más gente compartiendo conocimiento y llevándolos a un lugar de conciencia financiera mejor que el lugar donde se encuentran. Que no hay fracasos, hay ignorancia; y lo más importante que estuvo ahí para mi: que trabajar con mujeres, muchas o pocas, es importante y es necesario, que una vez que nos reconocemos en otras, somos capaces de respetarnos, apoyarnos y caminar juntas.

Hoy termina esta gran experiencia. Agradezco profundamente a todas mis compañeras de Road to Growth México, a la Fundación Cheri Blair, a la fundación Exxon Mobil y al INADEM,  a  mis mentores y  a los expertos de BEDU. A mi familia, a mis amigos que estuvieron atentos y apoyándome en este camino que terminé de recorrer feliz y exhausta y al Universo por haberme dado este gran regalo y experiencia de vida que habré de pagar compartiendo con más empresarias y empresarios que así me lo permitan.

 

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